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MICRORELATO ERÓTICO 5

El fresco que se notaba al entrar en aquellos grandes almacenes se agradecía,ya que fuera el calor era insoportable.
Era un Sábado por la tarde, y había ido a comprarme algo de ropa. Me dirigí a la planta de moda femenina,y después de un rato mirando,me decidí por un par de jeans,un top blanco y otro negro.

Al acudir al probador,me dí cuenta de que no sabia cuantas piezas de ropa podía probarme al mismo tiempo,así que me dirigí a la dependienta mas cercana que vi.
-Por favor,¿ cuantas piezas de ropa se permiten meter en el probador?-
La chica,una dependienta jovencita,pelo cortito,ojos azules enormes,me correspondió con una gran sonrisa mientras me decia:
-¿No me recuerdas?…Soy Ana,la de la fiesta del Viernes-.
De repente caí en la cuenta de que nos habían presentado el Viernes por la noche en casa de unos amigos. Era una chica de 30 años,con el pelo corto, muy guapa, con una cara de niña traviesa. Su alegría y desparpajo me habían llamado la atención ,al igual que su vestimenta,una blusa ceñida que marcaba sus pechos turgentes.
Antes de poder reaccionar,me plantó dos besos,y al sentirme agarrada por la cintura,una oleada de calor y deseo recorrió mi cuerpo.
-Puedes meter las prendas que tu quieras,cielo- me dijo sin dejar de sonreír y agarrándome de la mano para llevarme al probador del fondo- y voy a traerte una blusa que te va a encantar-.
Fui desvistiéndome,y cuando ya estaba en ropa interior,se abrió la puerta y apareció Ana con una blusa rosácea,de seda.

Sin cortarse un pelo se metió dentro,cerró la puerta y me susurró al oído:

-Las mujeres maduras son mi debilidad-.
Mi sexo rezumaba liquido,lo que indicaba que mi libido estaba fuera de control.El oír su voz en mi oreja,el roce de sus pechos contra los míos,fue una combinación que hizo que mis pezones me delataran,poniéndose duros.
Sentí sus labios por mi cuello,y una mano que acariciaba mis pechos insistiendo en mis pezones,mientras yo apenas acertaba a agarrarla por la cintura.
Poco a poco nos buscamos las bocas hasta que noté su lengua buceando en la mía. Sin dejar de acariciarme,se arrodilló,bajó de golpe mi tanga,dejando mi sexo hambriento de ella expuesto a su deseo.
Sentí su lengua subir por mi muslo hasta mi ingle…y mi sexo. Yo estaba fuera de mi,y mis jadeos debieron de oírse desde los otros probadores.
Ana seguía en su tarea,y noté como separaba mis labios vaginales con dos dedos y metía la punta de su lengua…y ahí ya no pude más. Tuve un orgasmo descomunal.
Acto seguido se levantó y me besó suavemente con la boca y salió de allí. No pude ni articular palabra, estaba exhausta.
Desde entonces,cada semana renuevo mi fondo de armario.

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