Tras varias semanas de confinamiento, empieza a notarse en cansancio mental que esto provoca.
La privación de la libertad, el no poder ver a nuestros seres queridos, el juntarse con amigos, abrazar,besar, tocar, sentir… tantas cosas que ahora parece que estén muy lejos.
Hemos aprendido a estar cerca en la distancia, a empatizar con los demás,a no dejar de sonreir, a hacer “birrallamadas” como dice @lavecinarubia, a hacer todo lo que antes no hacíamos “por falta de tiempo”, a dedicarnos momentos, a agudizar nuestro ingenio y, a valorar el trabajo de toda esa gente que día tras día se expone para que no nos falte de nada. Esa gente que en todo momento se enfrenta al “bicho” con el miedo , no de contagiarse, sino de contagiar a los que más quieren.
Llegados al día 15, es más complicado que nuestra mente esté al 100%, pero también para ellos lo es.
Mientras unos solo tenemos que estar en casa, ellos salen y ,con la mejor actitud posible, van a trabajar. Atendiendo y ayudando a todo tipo de personas, incluyendo a la gente que no valora ni respeta su trabajo, cansancio y desgaste físico y mental. Y sobre todo aguantando ese miedo a caer.
En mi vida, tengo a muchas personas que están al pie del cañón cada día: en hospitales,farmacias,supermercados,bancos,fábricas… y aunque no lo saben, son héroes?♂️ y heroínas ?♀️.
Todos salen y aplauden a las 20:00, por ellxs, por su labor, por su entrega. Pero,¿sabe alguien que es lo que vive cada una de estas personas al llegar a casa?
Entran a casa y están agotados, lloran por el cansancio, por el estrés, por lo que ven sus ojos, por miedo, porque psicológicamente no pueden más. Y no es fácil vivir con este sentimiento,sabiendo que todavía queda mucho por hacer. No pueden permitirse el lujo de agachar la cabeza, de ir a trabajar con esa actitud. No pueden parecer cansadxs ni débiles, tienen que estar al 200%, en tiempos complicados. Pero esto no es fácil, y cada día tu cuerpo y tu mente lo notan.
Así que cuando tienen que volver al frente, no tienen más remedio que cambiar el chip. Por ti, por mí y por ellxs.
Lo que nadie sabe es que cuando llega la noche, cuando duermen, no desconectan. Hablan y sueñan con: “no hay suficiente material para todos”, “ quiero que se acabe”, sueñan que van a trabajar desprotegidos, e incluso lloran mientras piden por favor que todo vuelva a la normalidad.
Lo peor llega cuando tienes que aceptar que tienes mucha exposición al temido “bicho”. Y sabes que puedes cogerlo, y lo que es peor, contagiar a los que más quieres. Cuando estás trabajando y ves a esa persona que está hospitalizada, y solo te viene a la cabeza tu gente. Y los ves ahí, luchando por ganar esta batalla. Eso, psicológicamente es muy difícil de entender, de procesar.
Y aunque las personas que tienes al lado te dicen: “no pasa nada”, “no tengas miedo, nosotros no lo tenemos” Pero tú si que lo tienes. Aceptar y saber que tarde o temprano puedes ser un número que se suma a una cifra enorme… puede asustar un poco.
Son momentos en los que debemos apoyarnos y entendernos más que nunca. Y por eso, cuando vayas a comprar, al banco, a la farmacia, a trabajar o al médico, intenta pensar en cómo están esas personas, que se entregan y se exponen para que a ti no te falte de nada. Seamos un poco más empáticos, y respetemos y apoyemos a esa gente que solo está haciendo su trabajo, con una humanidad y valor increíble. Aunque no todos son capaces de entender o valorar. ¿O a caso creéis que todas esas personas no querrían estar en casa?
Así que para vosotrxs y sobre todo para ti que estás leyendo esto, que luchas cada día yendo al campo de batalla. Gracias. Sigue así, porque estás haciendo un gran trabajo.
Divanate
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