Sexología

MICRORELATO ERÓTICO 9

Aunque no me gusta encasillarme en lo que soy, nunca he tenido problemas en tener relaciones sexuales tanto con hombres como con mujeres. Bueno, he de reducir a una mujer, porque sólo me he acostado con una, pero es cierto que no me importaría repetir.  Porque Sara es de esas personas que nada más conocerlas te das cuenta de que tienen un algo que te atraen. Tienen una especie de fuerza que te impulsa a querer pasar más tiempo con ella, que te hace tener más ganas de saber de ella. En resumen, te hace sentir especial. Todo esto con sólo conocerla, ya llamó mi atención.
Ella es lesbiana y tiene una personalidad envolvente, no sé, me gustaba verla y pasar tiempo con ella, aunque ella era pasota y parecía que le daba todo igual, yo estaba cada vez más enganchada a ella.

Hacía poco que lo había dejado con mi novio. No podía estar con él cuando no podía dejar de pensar en Sara. Él me decía de quedar y yo prefería quedar con mis amigas porque así la veía a ella. No sé que me estaba pasando, pero mi estado de ánimo, a veces, dependía de si  la veía o no. ¿Me estaba enamorando? ¿era una obsesión? ¿por qué no me la podía quitar de la cabeza?

Nosotras somos de ese tipo de amigas que comparten secretos, pensamientos, alegrías tristezas y en ocasiones momentos íntimos. A ella le conté mi primera vez, le conté mis problemas y siempre ha estado ahí para mí.
Pero todo esto ya me estaba empezando a doler, porque cada vez quería más y más con ella, y eso no era de amiga, era de algo más.
Un día en el baño de mi casa, preparándonos para salir de fiesta, entre maquillaje y retoque de pelo… la situación me llevó al roce entre sus brazos,  y eso a una mirada.
Mi corazón se aceleraba cada vez más, ese día la  notaba diferente, cómo más atenta o más cercana. Esto hacía que mi corazón no parara de acelerarse cada vez más.
Cuando se cruzaron nuestras miradas, no pude dejar de mirar esos labios que me moría por besar. Sin pensármelo dos veces me lancé. Le di un beso corto, el cual le siguió uno mucho más largo. Las lenguas se encontraron con violencia y deseo. En ese momento  empecé a besar a Sara por el cuello, pecho, obligo…
El deseo iba creciendo entre las dos, tanto que la ropa empezó a sobrar y nos llevó dentro de la ducha. Las dos cara a cara, con el agua chorreando por nuestros cuerpos siguieron los besos. En ese instante, Sara me empujó contra la pared cogiéndome por los brazos y dejándome inmóvil frente a ella. Empezó a besarme por el cuello y el mi cuerpo se estremeció, no podía esconder la excitación  que me producía la situación. Sara al darse cuenta de eso empezó a bajar  y lamer lentamente mis pechos, lo que me produjo un gemido que no pude esconder. Volvió a subir y ,mirándome a los ojos, se volvieron a encontrar sus lenguas. Instintivamente, mientras el agua seguía cayendo sobre nosotras, nuestras manos fueron al sexo de la otra. Las dos estábamos muy excitadas. No dejaba de hacerme estremecer con sus dedos, y con movimientos circulares. Empezamos suavemente pero poco tardamos en subir la velocidad. Mi  propia excitación no le dejaba ir más lenta.  En ese momento decidí arrodillarme enfrente de ella e introducir  la lengua entre sus labios, lamiendo una y otra vez su clítoris, haciendo los movimientos anteriores esta vez con su lengua. Sara no pudo más y llegó al clímax. Fue entonces cuando me puso contra la pared y sin dejar de mover sus dedos me hizo llegar a mí también. Tiene unas manos que me encantan.
Fue nuevo para mí, pero especial. Ahora hemos probado otras cosas y cada vez lo pasamos mejor juntas.

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