Sexología

MICRORELATO ERÓTICO 7

Me llamo Merche, tengo 46 años y llevo separada cuatro años. Mi matrimonio siempre ha sido bastante tradicional. Conocí a mi ex cuando tenía 18 años y luego todo fue muy rápido.
Lo único que se salva de mi matrimonio son mis dos hijos.
Sexualmente hablando siempre he tenido bastantes tabúes e incomodidades, según mis hijos no sé lo bueno que puede darme el sexo. Bueno, no lo sabía hasta que conocí  a Luis, un amigo de mi hijo.
Todo empezó un día de verano, en el chalet tenemos piscina, y mis hijos continuamente invitan a sus amigos y amigas a pasar las tardes al sol. Pero ese día era el cumpleaños de mi hijo. Cumplía 24 años y todo estaba lleno de amigos, comida, música y alcohol. Yo me quedé para ayudar ayudarle,  tenía que abastecer a todas las bestias hambrientas y sedientas.
Nunca me acostumbro a la música que escuchan estos jóvenes de hoy en día, pero ese día aprendí un poco más que de la música que escuchan mis hijos y sus amigos.
Estando en la cocina entró Luis, 24 años de cuerpo atlético, moreno, bronceado y con los ojos verdes.  No le di mucha importancia a su presencia, pues no paraban de entrar y salir. Pero él se acercó  muy lentamente por detrás, casi sin darme cuenta. Me apretó contra la encimera de la cocina quedando justo de pie detrás de mí. Me daba miedo moverme, no sabía que estaba pasando.  Pero se acercó y me susurró con voz sensual:
-Eres preciosa, no sé que tienes pero me encantas.

Acarició mi espalda suavemente mientras me seguía reteniendo contra la encimera. No sé que me pasó exactamente por la cabeza, pero lo que empezaba a notar era mi excitación. Y la suya.
¿Qué estaba haciendo? ¿Si es sólo un niño? ¿Cuándo he perdido la cabeza?
Me aparté cómo pude y salí corriendo de la cocina. Una parte de mí estaba asustada por lo que acababa de ocurrir pero, sorprendentemente, otra parte de mí estaba excitada. Sentía mi humedad, cosa que no entendía. Nunca me había fijado en nadie más pequeño que yo, y menos un joven de 24 años. Por Dios!!! Que tengo 46 años.

No dejé de darle vueltas mientras le observaba por la ventana del chalet, cada vez que lo miraba me excitaba más con sólo pensar en su miembro apretándome detrás de mí.
Me debía muchos años a mi misma de liberación y de hacer lo que me apeteciese. Así que ni corta ni perezosa me fui a llevarles más comida, sólo con la excusa de poder pasearme por delante de él. No sé que me estaba pasando, pero estaba siendo alguien que ni yo conocía.
Me acerqué a él con disimulo y le rocé la espalda sin que nadie se diese cuenta. Esperaba que él notara que estaba correspondiéndole.  Él me miró y me sonrió de forma pícara, activando de nuevo todos mis sentidos. No sabía que iba a pasar, pero la excitación de este juego de miradas y sonrisas, estaba despertando mi líbido.

De nuevo entré a la cocina y en menos de 10 segundos apareció Luís, con su sonrisa pícara se me acercó muy lentamente. Mi corazón se aceleraba con cada paso que daba. Se acercó y me puso la mano debajo de mi falda, subiendo lentamente sin dejarse ni un recoveco. Mi excitación y mi humedad seguían creciendo, nunca me había excitado tanto.
Me empezó a besar sin dejar que su mano saliese de mi entrepierna. Sabía que podían pillarnos en cualquier momento, pero sólo podía pensar en que me tocase, que me hiciese suya allí mismo.
Apartó con sutileza mi tanga, rozando mi sexo de forma suave. Creí caerme allí mismo, hacía tanto que no notaba algo así. Toqué su miembro por encima del bañador, podía notar su pene erecto. Puse la mano por dentro del bañador y le acaricié lentamente. La temperatura estaba subiendo y la probabilidad de pillarnos, más.
Se sacó de un bolsillo del bañador un preservativo, que rasgó rápidamente mientras me daba la vuelta y me apoyaba contra la encimera como antes. Levantó mi falda y dejé que me penetrara suavemente. Estaba tan mojada que entró fácilmente y empezó con movimientos suaves mientras me acariciaba los pechos.  No dejaba de moverme  y estremecerme del placer. Yo contra la encimera mientras él estaba detrás de mí proporcionándome más placer del que nunca me habían dado.
Sus movimientos de aceleraban mientras me sorprendió acariciándome el clítoris de forma circular y suave, mientras no dejaba de salir y entrar su pene de dentro de mi ,cuando empezó a tocar mi clítoris, haciendo que mi respiración se acelerara cada vez más.
El miedo a que me pillaran ya ni estaba presente. Fui rindiéndome al placer del momento, la excitación y su buena técnica pese a la edad que tenía. Sólo unos minutos después noté como se iba y dejé que mi cuerpo se rindiese al placer del orgasmo.
En ese momento oí como entraba mi hijo llamándome para que sacara la tarta, corriendo nos arreglamos y disimulamos como pudimos. No sé qué pinta tendría yo, pero si mi cuerpo, que estaba sumamente relajado. Fue el mejor sexo que había tenido en años.
Luis me volvió a dedicar esa sonrisa pícara que tanto  voy a recordar cuando esté en mi cama asolas, porque esto lo iba a estar recordando hasta el próximo cumpleaños de mi hijo.

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