Sexología

MICRORELATO ERÓTICO 11

Mi amigo Oriol y yo siempre hemos tenido una buena relación de amistad. Desde pequeños siempre nos hemos contado las cosas, y nos hemos ayudado siempre mutuamente. Realmente yo lo veo como un  hermano, porque siempre hemos actuado como tal. Él me ayuda con los hombres y lo le ayudo con las mujeres, aunque mi ayuda no le hace mucha falta porque es un gigoló.
Hace unos meses que ambos pasamos por una ruptura. Somos muy curiosos y, aunque tenemos nuestros follamigos/as, siempre hablamos de probar nuevas cosas. Así que una tarde que no sabíamos que hacer nos fuimos a tomar unas cervezas al bar de la zona. Hablando de todo, acabamos hablando de nuestras fantasías sexuales. Charlabamos de tríos, nos miramos y lo descartamos enseguida, porque ¿cómo íbamos a acostarnos los dos?. Eso y que no nos poníamos de acuerdo, porque yo quería un trío con dos hombres y él con dos mujeres. Así que cómo teníamos que ser “felices los 4”, porque tres no había acuerdo, le propuse hacer un “intercambio de pareja”. Él me dijo lo evidente, que no éramos pareja y no podíamos hacerlo, pero le dije que no hacía falta ser pareja, sólo parecerlo. Seríamos unos falsos “Swingers “.
En este tipo de locales las mujeres podemos ir solas si queremos, pero los hombres están obligados a ir en pareja, así que podíamos ir como pareja, sin serlo.

La verdad es que, aunque he tenido sexo con algún que otro desconocido, me frenaba la idea de ir a este tipo de locales, pero al mismo tiempo me excitaba. Ya me estaba imaginando el maromo alto, con ojos verdes, fuerte y con unos cuadraditos en el abdomen. De estos que te abrazan y sientes que te van a romper, que te desnudan con la mirada, que te dejan sin aliento nada más verlo. Si me aparece uno así mañana, voy a dejar que me lo haga dónde quiera, hasta en la barra. Me he puesto tan mala imaginándolo que he tenido que dejar de escribir para ir a tocarme.

Ese mismo sábado, Oriol y yo, nos pusimos nuestro disfraz de pareja y nos fuimos al local. Yo creía que por dentro era distinto, imaginaba un lugar más cómo una orgía pero en un pub. Estaba equivocada, era cómo un pub normal, pero con televisiones que emitían porno todo el rato.
Entramos y nos sentamos en la barra a elegir, o a que nos elijan. No pude dejar de sorprenderme al ver a la gente que, en las mesas, se metían mano, se masturbaban e incluso tenían sexo.
Entre tantos estímulos, yo ya me estaba excitando y no podía dejar de buscar por la sala algo que nos acoplara a los dos. Se nos acercaron varias parejas, pero no nos acababan de gustar. Hasta que vimos a Rubén y Arlet, una pareja de 38 años, que parecían dos modelos sacados de un anuncio de televisión de estos que promocionan ropa. Él era moreno, alto y con los ojos marrones, con un buen cuerpo. Arlet era rubia, alta, con un cuerpo de escándalo y llevaba un vestido largo con la espalda al aire.
Oriol y yo desentonábamos un poco con ellos, pero se acercaron buscando eso, algo contrario a ellos. Esta pareja nos gustó, estábamos dispuestos a pasar a la siguiente sala con ellos, después de un par de copas y una conversación. Yo no podía dejar de mirar a Rubén, mi mente lo estaba desnudando ya e imaginando cómo sería deslizarme por su cuerpo.

Pasamos a otra sala dónde estaba lleno de camas redondas, y la gente, tenía relaciones sexuales con quién quería. Otros ibas pasando de cama en cama interactuando con las otras parejas. Pero nosotros nos fuimos directamente a un reservado con ellos, parece que nos quieren para ellos solos, cosa que agradecemos.
Al llegar al reservado, nos invitaron a meternos en el jacuzzi y seguir conociéndonos un poco más. Ambos aceptamos y empezamos a desnudarnos, fue cuando noté la mano de Rubén sobre mi cintura. Se ofreció a ayudarme a quitarme la ropa, y con delicadeza, bajó la cremallera de mi vestido, me lo quitó de los hombros dejándolo caer al suelo. Se agacho besándome de cintura para abajo poco a poco, y bajó las medias. Primero con las dos manos, rozando mi zona íntima con sus manos suaves, y luego me quitó las medias. Subió besándome el muslo hasta encontrarse con mi sexo. Sentí cómo una explosión de placer cuando noté su lengua por encima de mi tanga de encaje. Creía que  me iba a desmayar allí mismo, pero me cogió de la mano y me llevó al jacuzzi, dónde ya estaban allí Oriol y Arlet, que tampoco perdían el tiempo. Me quitó lo poco que me quedaba, antes de entrar, y cogió su mano para que notara cómo de excitado estaba. Decidí coger y acariciar su pene por encima del pantalón. Lo seguía haciendo mientras iba poco a poco quitándole la camisa que llevaba, mientras con la otra, introducía la mano dentro de sus calzoncillos para notar la erección sin barreras.

Nos metimos ambos en el jacuzzi y me deslicé por su cuerpo, notaba toda su excitación, pero también notaba la mía. Empezó a acariciarme los pechos lentamente y a besarme el cuello, mientras yo cogía su miembro para dedicarle unos movimientos suaves de arriba abajo.
Sorprendentemente, el ver a Oriol con Arlet me estaba excitando, escuchaba cómo gemía, me estaba poniendo muchísimo, así que me acerqué más a Rubén y me puse encima de él. Dejando que él marcara el ritmo, mientras me lamía los pezones con suavidad y de forma sensual, notaba como su penetración cada vez era más profunda, más rápida y más placentera que la anterior. Creía que iba a explotar del placer, de la excitación, de la situación, de los gemidos y su forma de penetrarme. Sentía mi clítoris cada vez más y más hinchado, puesto que el placer era cada vez mayor. No sé cómo, pero se las arregló para acariciar mi clítoris mientras seguía penetrándome cada vez más rápido. Fue en ese momento, siendo su miembro dentro de mí y sus dedos jugando con mi clítoris, que creía morir. No quería que parase, así que empecé a decirle que quería más, que no parase. Sus movimientos, cada vez más rápidos, me hicieron explotar, llegando al clímax. Fue unos de los mejores orgasmos que he tenido hasta el momento. No sé si por la situación, la excitación, el morbo, los gemidos de los otros dos… pero todo junto me hizo que explotar.
Luego pasamos del jacuzzi a una cama redonda, pero esa es otra historia que os contaré otro día. Muchos días sigo recordando ese día en que conocí a Rubén. Estoy deseando volver a repetir.

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