Sexología

MICRORELATO ERÓTICO 1

En mis 40 años, nunca me había pasado nada parecido. Aunque la edad es simplemente un número, tiene algo que me hace ponerme tan nerviosa que parezco que tenga 15 años. Siento ese nudo en el estomago y sólo me sale sonreír cuando lo miro.
Aunque hace bastante que nos conocimos, cada vez que lo veo es tanto lo que siento que me paso los días imaginando cómo sería besarlo, tocarlo, sentirlo dentro de mí.
No sé qué es lo que me atrae de él, pero tiene esa personalidad arrolladora que te hace sentir especial, que con sólo unas palabras, es capaz de hacerte sentir la única en el mundo.

Hoy hemos coincidido en una fiesta, aunque no sabía si él vendría, pero tenía la esperanza de verlo. Así que me he puesto lo más sensual que he podido. Me he soltado el pelo, me he puesto escote, unos tacones de espanto y unos vaqueros que estilizan bien mi figura.
Nada más entrar ,ahí estaba él, tan guapo como siempre, con unos pantalones blancos y una camisa negra. Se me agita la respiración cuando me acerco a darle dos besos, a lo que él me deleita con su mejor sonrisa. Me pongo tan nerviosa que tengo que ir a tomar algo para así disimular lo torpe que me siento cuando lo tengo cerca.
Desde lejos lo contemplo de forma disimulada, mientras él charla y baila con dos chicas, las cuales desde lejos estoy desafiando con la mirada. Así que decido coger una copa e irme directamente a su lado para hablar con él. Empezamos a charlar y cada vez que voy acabando la copa me está entrando más calor. No dejo de mirarle los labios, me encantaría poder probarlos.
La distancia entre ambos cada vez es menor, y como la música está alta me habla muy cerca, tan cerca que distingo perfectamente el perfume de su piel. Por mi mente pasan tantas cosas que me gustaría hacer con él, que hacen que me sienta tan excitada que sería capaz de hacerlo aquí mismo.
Toda mi excitación me baja de repente cuando veo que se tiene que ir. Y no quiero que salga por la puerta si no es conmigo, pero mi oportunidad se va con él.
Cuando ya había perdido toda esperanza de que la noche terminase cómo mi imaginación, noto que me abrazan por detrás y me susurran al oído: “Me encantaría que te tomases la última conmigo, porque no quiero irme sin ti”.
Esas palabras me aturden y me sube la libido más rápido que la espuma. Así que decido irme con él directamente a su casa. Aunque de camino me siento tan excitada como nerviosa, deja de importarme que tenga 10 años menos que yo.

Al llegar a su casa sigo nerviosa, pero las copas que me he tomado me hacen perder la vergüenza. Esto hace que me sienta imparable, así que me armo de valor y me acerco  para darle un beso, dejando que nuestras lenguas se fundan en una, haciendo que la humedad de sus labios, despierte mi propia humedad.
Él me abraza fuerte mientras su mano va recorriendo mi cuerpo, acariciándome. Me roza con su mano el cuello, al que ahora le siguen unos besos que bajan desde mi boca hasta mi escote. Me coge y me tumba directamente en la cama, besando cada rincón de mi cuerpo. La ropa empieza a molestarme y me va desvistiendo poco a poco, sin dejar de besar cada parte de mi cuerpo desnudo.
Mientras nos desnudamos noto más mi excitación y la suya, y sus dedos van recorriendo cada centímetro de mis piernas. Su boca inquieta no me da tregua, rodeando mis pezones con su lengua y descendiendo cada vez más hasta llegar a mi sexo, en el cual se detiene jugando con mi clítoris. No paro de retorcerme en la cama dejando que juguetee con su lengua, dibujando figuras que me hacen transportarme a otra dimensión. Cuando creo que voy a desmayarme de placer alcanzo el clímax, con un orgasmo que me deja exhausta. Pero no deja que me recomponga cuando sigue acariciando mi cuerpo con una mano, mientras va besando mis muslos y me sorprende volviendo a acariciar mi sexo con los dedos. Dejando que recorran con movimientos suaves que hacen que se active de nuevo mi cuerpo. Es entonces cuando su miembro se adentra en mí haciéndome gritar de forma incontenida. Y nos unimos al ritmo de la melodía de nuestros cuerpos haciendo que lo sienta muy dentro de mí. La excitación de ambos va subiendo cómo la adrenalina en una montaña rusa, haciendo que el ritmo vaya subiendo.
Nuestros cuerpos son ahora uno, al mismo compás con movimientos cada vez más rápidos, hasta que los dos nos fundimos en un gemido al unísono haciendo que alcancemos el clímax juntos. Esa noche la volví a revivir con él, una y otra vez.

Un Comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *